lunes, 8 de noviembre de 2010

Tabuyo: un pueblo leonés ejemplo de desarrollo sostenible

En este artículo de La Razón, vemos la realidad de lo que puede conllevar la biomasa en un entorno rural cada vez más abandonado. El ejemplo aquí está y da satisfacción que cada vez estamos más en la misma línea de aprovechamiento de los recursos naturales que la naturaleza nos ofrece: las hectáreas de bosque cada vez son mayores y la biomasa que crea el bosque está infrautilizada.


Tabuyo, el pueblo de la biomasa

Son un ejemplo de supervivencia sostenible en el medio rural. Dedicados a la agricultura y a la ganadería, viven de los recursos naturales que les ofrece el privilegiado entorno que les rodea. Ahora el bosque les proporciona no sólo energía sino también trabajo


Tabuyo, el pueblo de la biomasa
6 Noviembre 10 - - Elena Alonso - TABUYO (León)

Tabuyo del Monte es uno de los seis núcleos de población que conforman el municipio de Luyego, en León, habitado en total por poco más de 800 vecinos rodeados de 9.000 hectáreas de bosque de utilidad pública. Es el pueblo con la economía más pujante de todos ellos ya que obtiene su sustento de los pinares naturales y autóctonos que rodean a sus 300 habitantes.
Marisa Rodríguez, la alcaldesa, ha apostado firmemente por la biomasa como fuente principal de energía con la que abastecer la zona, porque De hecho, los expertos en el sector aseguran que «les sale más rentable, les hace independientes y autosuficientes, y encima es más sostenible y ecológica, insiste.de los 46 millones de metros cuadrados que crecen anualmente los bosques españoles, la industria forestal actual sólo aprovecha en torno a las 17 millones de metros cuadrados, es decir, el 38 por ciento. Dos tercios del crecimiento del volumen de biomasa –aseguran– se queda en el monte».

APROVECHARLO TODO
«No vendo calderas», bromea Marisa, pero «creo en ellas». «Sobre todo es que la leña a nosotros no nos cuesta, es nuestra, y siempre tenemos», dice. Hasta tienen su propia astilladora doméstica. De momento, la escuela pública, la cooperativa alimentaria de mujeres, el museo de la miel y al menos dos viviendas del pueblo, una de ella la de la alcaldesa, claro, funcionan con calderas de biomasa. A la vista de los buenos resultados quieren instalarla también en un futuro en la residencia de la tercera edad y en el «Albergue de la Naturaleza» que están desarrollando, con bungalows todos de manera natural y energía para uso térmico de biomasa por circuito de «district heating» que calentaría también una piscina para uso municipal.
En el caso de la cooperativa de mujeres, formada por Marisa junto a otras cuatro vecinas y dedicada a la manufactura de artesanía y productos naturales y al cultivo ecológico de la seta además de la restauración, todo se aprovecha. Por ejemplo, la paja que utilizan como sustrato en el cultivo de la seta, una vez que ha acabado su vida útil y ha concluido el crecimiento del producto, pasa también a nutrir la caldera de biomasa, de 40 Kilowatios.
Con ella calientan toda la zona del restaurante y la de producción de setas, unos cuatrocientos metros cuadrados en total, para lo que tienen que usar aproximadamente unos 50 kilos al día de astillas, dos o tres sacos. La instalación en su momento les costó alrededor de 18.000 euros, y sólo usan energía fósil en los fuegos de la cocina, el horno, la marmita y el autoclave para esterilizar conservas.
Lo de la escuela pública tiene una dimensión además de práctica enminentemente pedagógica. En este caso, se sustituyó un equipo obsoleto que utilizaba carbón y leña y cuya alimentación era manual, por otro de astilla y pellet –especie de madera en grano–, con un sistema convencional de calefacción que distribuye el agua caliente a través de tuberías hasta cada una de las salas, y en el caso del gimnasio, por suelo radiante.

NI PARO NI DESPOBLACIÓN
Tanto Marisa como todos los que en Castilla y León apuestan por esta energía, dadas las características concretas en cuanto a recurso forestal que presenta la Comunidad –tiene un potencial de biomasa de 13.000 ktep/año, en términos de energía primaria y en la actualidad sólo el dos por ciento del potencial total tiene un aprovechamiento energético– , insisten en que además de estas razones argumentadas por la alcaldesa, la expansión del uso de la biomasa en la región contribuye a la prevención de incendios y plagas –con la recogida y limpieza de ramajes y restos de los suelos de sus bosques– y al desarrollo rural e industrial –ya que alguien tiene que realizar ese trabajo de limpieza.
En Tabuyo del Monte no falta calefacción, no hay paro ni despoblación, como en otros muchos lugares enminentemente rurales de Castilla. Esta localidad es por tanto ejemplo de cómo la bioenergía se presenta en Castilla y León como una gran alternativa energética dado el potencial de biomasa con que cuenta la región. Como es ejemplo también el sistema de producción de energía térmica a partir de biomasa que se ha instalado en la Real Colegiata de San Isidoro, en León.
Por todo ello es la única Comunidad autonóma que está desarrollando un Plan de Bioenergía en el que se ha tenido en cuenta los recursos aprovechables de la zona y la alternativas tecnológicas para su valorización energética.


Elaborar un plan de movilización que incremente la oferta de madera, aprobar un programa regional de cultivos energéticos, concluir el aprovechamiento de biogás en vertederos o mejorar la gestión de residuos ganaderos y de industrias agroalimentarias e inventariar los que puedan ser valorizados como bioenergía son algunas de las medidas que propone.


Uno de los puntos más debatidos en torno al uso de la biomasa es precisamente el de los cultivos energéticos. La aceptación para muchos del uso de esta energía se basa sobretodo en el aprovechamiento de los recursos ya existentes. A veces, es cierto que éstos bastan, según los datos que manejan algunos agentes del sector. Es decir, en algunas zonas afirman que efectivamente pueden vivir de biomasa sólo con rastrojos y residuos o excedentes de industrias madereras y agrícolas sin la necesidad de tener que cortar «ni una rama».


Sin embargo, desde otros ámbitos se reconoce la posibilidad de que haya que recurrir a cultivos para obtener más recursos. En cualquier caso, al respecto, fuentes de la administración y del entorno empresarial relacionado de la biomasa insisten en que esto no tiene porqué suponer ningún problema para la sostenibilidad dado que hay un montón de tierra inutilizada y abandonada que se podría usar para este fin.


El Observatorio Nacional de Calderas de Biomasa puesto en marcha por la Asociación Española de Valorización de la Biomasa, Avebiom, que ha organizado la semana pasada la feria Expobioenergía 2010 en Valladolid junto al centro de promoción forestal de la región, Cesefor, ha registrado hasta septiembre pasado 1.800 instalaciones, con una potencia acumulada de cerca de 450.000 kW instalados.


Según los datos que maneja, desde la última revisión, el número de municipios con al menos una instalación ha crecido en aproximadamente 1 por ciento, pasando del 8,9 por ciento al 9,7 por ciento, con respecto a un total de 8.113 municipios de toda la geografía española.

REBAJA EN LA FACTURA


Desde Avebiom llaman la atención sobre el hecho de que el crecimiento del número de registros es significativo sobre todo en los municipios que ya tenían alguna instalación, lo que «corrobora la idea de que quien ha probado la biomasa, continúa instalando nuevas calderas. El principal motivo: la reducción de manera importante del gasto en su factura energética, llegando en algún caso a bajar hasta el 65 por ciento el consumo en calefacción y agua caliente sanitaria», afirman. Algo que confirman tanto los usuarios de calderas de biomasa de la localidad de Tabuyo del Monte como en la Real Colegiata de San Isidoro, en León capital.


En el registro de Avebiom, Barcelona es la provincia con más instalaciones, en concreto 65, seguida de Navarra, Asturias, Vizcaya y León, con 50. En cuanto a ciudades, Salamanca es la ciudad con mayor número de instalaciones en bloques de viviendas, con 20 y una potencia total instalada de 7.500 kW. En municipios pequeños, y para uso público-dotacional, destaca Coca, en Segovia, y Miguelturra en Ciudad Real. Navahermosa , en Toledo, e Íscar, en Valladolid, son los que acumulan mayor número de instalaciones para uso domiciliario.

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