lunes, 25 de abril de 2011

Los MW en fase de proyecto doblan los instalados en biomasa

Hoy ha caído en nuestras mano la primera parte de un artículo denominado la Biomasa como alternativa eléctrica y que viene como resultado de las nuevas orientaciones que están buscando las constructoras para reducir sus resultados cíclicos de la construcción. Posiblemente dicha diversificación se espera que sea para largo, dados los continuos incrementos que se ha producido en los últimos años en la construcción en España y que hace imposible mantener el ritmo producido máxime con las restricciones presupuestarias que nos estamos viendo obligados a practicar. Y efectivamente nombres como Acciona, ACS, Aldesa, Comsa, FCC o Sacyr se han subido o se están subiendo al carro de la energía de la biomasa.

Resulta muy interesante este artículo en cuanto que a parte de citarnos las ventajas de la biomasa que en muchas ocasiones hemos hecho alusión a ella nos da una idea clara de cual es el estado actual de la biomasa en España. Estos son los números actualizados:

  • En la actualidad están en funcionamiento 54 plantas de biomasa en España repartidas por todo el territorio nacional con una potencia instalada de 454 megavatios. De ellas 26 son de tratamiento energético de diferentes tipos de biomasas con 355,5 megavatios instalados, 26 de biogás con 95 megavatios y 4 de gasificación con 3,7 megavatios instalados. Este volumen de actividad queda lejos de los objetivos fijados en el PER 2005-2010 mientras que en otras renovables estos objetivos se han visto ampliamente sobrepasados.
  • Las plantas actualmente en proyecto, en distinto estado de desarrollo, son 84 con una potencia a instalar de 952,86 MW. De ellas, 65 de biomasa (788,66 MW), 4 de gasificación (3,75 MW), 10 de biogás (160,45 MW) y 5 de pellets.
Este último punto es el que llama poderosamente la atención, que supone más que doblar la cuota que había a finales del año pasado. Desde los 454 MW instalados pasamos a estar en fase de proyecto un total de 952,86 MW, eso quiere decir que se está corriendo y mucho en el desarrollo de nuevas plantas y nuevos proyectos, situación que no hace más que alegrarnos porque parece que el sector por fín empieza a despegar. Siendo estos datos tal como se presentan la suma de ambas partidas supondrá que en el plazo de un año habrá un total de 1400 MW instalados que viene a ser la cuota asignada para la biomasa en el próximo PANER. Todo ello conllevará que a finales de 2020 se espera que haya una potencia instalada en plantas de biomasa que rondarán los 2.800 MW. Hay que recordar que el antiguo Plan de Energías Renovables acabado a finales del año pasado tenía como objetivo 1849,8 MW de potencia instalada, cifra que refleja el alto grado de incumplimiento de la biomasa en el anterior plan.
Queda mucho por hacer todavía pero tal y como se expone en el artículo, España es el tercer país dentro de Europa que más posibilidades tiene la biomasa, debido a su extensión de bosques. Por último nos ha sorprendido el dato que se anuncia teniendo en cuenta que la reducción de incencios supondría entre un 30 % y un 70 % los incendios que sufrimos. Esto conllevaría mejora en el medio ambiente y económica cifrada en 130 millones de euros anuales si con la puesta en valor de la biomasa se consiguiera reducir el 30 % de los incendios.
En resumen muy buen artículo y desde aquí damos la enhorabuena a la página Capital Madrid que ha hecho una perfecta descripción de la actualidad de la biomasa y de sus perspectivas de futuro. El artículo lo tienen, como siempre, en este enlace y decirles que estaremos pendientes de la segunda parte.


Las empresas de servicios buscan nicho ante la crisis energética y de la construcción

Biomasa

Ignacio Mulas.– La diversificación del negocio principal es una estrategia habitualmente seguida por muchas empresas del sector, inicialmente sólo constructoras, que en los últimos años han competido con éxito en ámbitos tales como los servicios, las concesiones o la energía. El objetivo común ha sido diversificar el riesgo y aplicar su experiencia y recursos a actividades con ingresos recurrentes y con expectativa de mantenimiento a largo plazo. Uno de estos nichos ha sido la producción de energías renovables. Sin embargo estas actividades están atravesando una fase de incertidumbre asociada al cambiante e insuficiente marco normativo y a los recortes de las ayudas públicas, a causa principalmente de la dura consolidación fiscal acometida por el gobierno, que imposibilita rentabilizar nuevas inversiones y, con ello, la necesaria expansión de algunas energías renovables.

Una de las más afectadas y que sin embargo ofrece más que ventajas -tanto por su bajo nivel de coste para el erario público como por sus incontestables aportaciones a la mejora del medio ambiente y de la salud, la prevención de incendios forestales, el recorte de emisiones nocivas y la drástica disminución de residuos forestales agrícolas, ganaderos y urbanos que induce- es la generada a partir de la biomasa, en el que están operando, junto a una importante cantidad de empresas especializadas y de pequeños productores, muchas empresas tradicionalmente dedicadas a la construcción tales como Acciona, ACS, Aldesa, Comsa, FCC o Sacyr.

En la actualidad están en funcionamiento 54 plantas de biomasa en España repartidas por todo el territorio nacional con una potencia instalada de 454 megavatios. De ellas 26 son de tratamiento energético de diferentes tipos de biomasas con 355,5 megavatios instalados, 26 de biogás con 95 megavatios y 4 de gasificación con 3,7 megavatios instalados. Este volumen de actividad queda lejos de los objetivos fijados en el PER 2005-2010 mientras que en otras renovables estos objetivos se han visto ampliamente sobrepasados. Las plantas actualmente en proyecto, en distinto estado de desarrollo, son 84 con una potencia a instalar de 952,86 MW. De ellas, 65 de biomasa (788,66 MW), 4 de gasificación (3,75 MW), 10 de biogás (160,45 MW) y 5 de pellets.

El potencial de crecimiento de las centrales de generación de energía eléctrica a partir de la Biomasa es superior al de otras tecnologías a causa del singular potencial de la reserva de recursos biomásicos que genera nuestro país, ya que España se sitúa como el tercer país europeo con mayor potencial en este ámbito. Pero las plantas en proyecto dependen de que se pueda alcanzar un mínimo umbral de rentabilidad en las inversiones y de estabilidad en el acceso a esos recursos biomásicos, cuestiones ambas que en la actualidad no está plenamente aseguradas.

Por motivos de todos conocidos -como son la actual catástrofe nuclear en Japón, la inseguridad que las revueltas en el norte de África suponen para nuestro suministro de gas y petróleo o los vertidos de combustibles fósiles en Méjico hace poco tiempo- se ha reabierto el debate de cómo debe acometerse el diseño del plan energético nacional y la composición del mix de producción más favorable a nuestro intereses, que a su vez minimice nuestra tradicional dependencia del exterior en combustibles fósiles. Parece el momento de reflexionar sobre las ventajas, carencias, expectativas a corto plazo y rentabilidad final de la energía producida a partir de la biomasa, porque dentro de las renovables es considerada erróneamente -quizás porque no crea problemas de ningún tipo- como prácticamente residual, cuando su potencial de crecimiento, sus ventajas y su coste a largo plazo son claramente favorables frente a otras opciones.

La biomasa térmica, eléctrica y de biogás es la energía renovable que más empleo directo crea. También es la que más empleo indirecto induce porque el aprovechamiento de los residuos agrícolas, forestales y urbanos implica la necesidad de tratarlos y trasladarlos, lo cual conlleva actividad y empleo añadidos en muchas y diferentes ubicaciones geográficas. Produce importantes retornos al erario público (IVA y otros impuestos, cotizaciones a la SS, etc.) y a diferencia de otras renovables, puede asegurar un suministro de energía a la red pleno y constante porque el volumen de estos recursos es más que suficiente para atender en continuo e ininterrumpidamente la demanda que se le exija y, sobre todo, son perfectamente controlables y mensurables.

Preservación del Medio Ambiente

Sin embargo, los beneficios más relevantes de la utilización de las biomasas para generar energía provienen de su inestimable contribución a la preservación y mejora del medioambiente y de su protagonismo indiscutible en la prevención de incendios forestales, que puede tasarse también en términos económicos y que por ello demuestra sin paliativos su evidente rentabilidad social y económica. La biomasa pone en valor residuos que, en su defecto, son abandonados, enterrados o llevados a vertedero, con el consiguiente riesgo asociado de producir plagas, contagios, infecciones de personas y animales, aumento de territorios contaminados, etc. Por ello también reduce significativamente la factura sanitaria.

Reduce la dependencia energética de España sustituyendo, en términos de producción de energía, su equivalente en combustibles fósiles. Contribuye a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) por tres vías: su utilización para generar energía no emite este tipo de gases; evita los que se producirían por la descomposición incontrolada de estos residuos; y al poder reducir las emisiones de CO2 en un volumen estimado de 24 millones de toneladas al año -la mitad de las exigencias comunitarias para España- reduce automáticamente importantes costes en los que habría que incurrir en el mercado de emisiones. Mientras que en el uso de otros combustibles para generar energía se internalizan estos costes, el actual marco normativo no lo permite en la biomasa.

La COSE (Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España) considera que si se valorizase energéticamente toda la biomasa forestal existente en nuestro país, se evitarían entre el 30% y el 70% de los incendios que cada año asolan la geografía española lo cual, en términos puramente económicos, ya justificaría con creces las peticiones de actualización de primas que pide el sector para poder seguir invirtiendo, porque según los datos del ministerio de Medio Ambiente para el período 1999-2009, el coste de extinguir el 30% de los incendios producidos ascendió a más de 130 millones de euros anuales, que por sí solos representan prácticamente la totalidad del importe de actualización de las primas que demanda el sector.

Para alcanzar los objetivos asignados en el nuevo PER 2011-2020 que está elaborando el gobierno, el sector está reclamando la puesta en marcha de una serie de medidas que deben mejorar tanto el marco normativo como el marco retributivo, y que analizaremos la próxima semana.

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