domingo, 29 de enero de 2012

¿Son todas las renovables iguales?

Dado el gran revuelo que se ha producido este fin de semana con la congelación del sistema de registro para nuevas instalaciones renovables, creo de interés este artículo que publica el diario El País, realizado por el profesor Daniel Villalba Vilá en donde se analiza el coste para el sistema de las diferentes fuentes de energía renovable.
Leyéndolo se observa la bondad que tiene para el sistema eléctrico y para el empleo la energía procedente de la biomasa en cuanto es una de las energías renovables gestionables.
Por ello desde estas líneas creemos que la actual congelación del sistema de prerregistro es absolutamente precipitada y no se ha analizado en profundidad las consecuencias y las bondades que tiene cada sistema de generación eléctrica. Máxime cuando la biomasa genera tanto energía eléctrica como térmica. Además, en momentos en que el paro sobrepasa con holgura los 5 millones de personas, condenar el uso de la biomasa que supone valorizar nuestros bosques y crear empleo puede ser una apuesta muy arriesgada.
Siempre me ha gustado comparar nuestro sistema eléctrico con el de Austria, en donde el cuidado al medio ambiente es realmente parte de su cultura y nos encontramos con datos como estos:


Abastecimiento de energía final procedente de las fuentes renovables en horas de GWh

  • Producción eléctrica
  • Energía hidráulica 41.267 GWh
  • Biomasa (sólida, líquida, gaseosa) 2.566 GWh
  • Energía eólica 1.915 GWh
  • Fotovoltaica 21 GW
  • Geotermia 2 GWh
  • Total producción eléctrica 45.771 GWh

Es decir, la producción eólica en Austria representa un 5 % del total de la electricidad producida por renovables cuando en España la energía eólica representa un 20 % de la producción total de energía eléctrica con una potencia instalada superior a los 20.000 MW.

Por ello creemos que el modelo de renovables en España es totalmente desproporcionado y que cualquier sistema que compense la producción entre distintas fuentes de renovables supondrá una mayor eficiencia, reducirá los costes globales y conseguirá mayor creación de empleo. Es momento para reflexionar, pero por muchas razones la apuesta por la biomasa debe seguir estando en primer lugar.

Buena parte de las discusiones sobre si debemos instalar más energías renovables en España, y cuáles de ellas, están realizadas sobre bases falsas. Tan solo se considera el coste nominal de cada energía y no el coste real para el conjunto del sistema eléctrico. Y ambas pueden diferir muy considerablemente. Últimamente está surgiendo una creciente polémica en España sobre el coste de las energías renovables. Dada la situación de crisis económica en la que nos encontramos y el llamado déficit de tarifa, las preguntas que nos hacemos son del tipo: ¿debemos seguir construyendo plantas de energías renovables en España?, ¿qué tipo de plantas?, ¿no son excesivamente caras en tiempos de crisis y con el déficit de tarifa que tenemos?...Para opinar o decidir sobre qué tipo de energía se debe instalar o promover, normalmente se utilizan los precios a los que cada productor de energías renovables es capaz de producir una unidad de energía (kWh). Pero este precio solo es el coste nominal para el sistema eléctrico. No es el que realmente cuesta a cada uno de los consumidores. De hecho puede cambiar, y mucho, para cada tipo de energía renovable e, incluso, según la potencia instalada en cada momento de cada una de estas energías.

Las energías renovables maduras: eólica, fotovoltaica, biomasa y termosolar.

Básicamente hay cuatro tipos de energías renovables que hoy se aceptan como tecnológicamente maduras (al margen de la hidráulica): eólica, fotovoltaica, biomasa y termosolar. La más barata es la eólica. Pero el coste real de esta energía, ¿es realmente la tarifa nominal aprobada en el BOE que se paga a sus productores? No, la energía eólica se produce de manera intermitente. Esto significa que necesitamos una planta de energía convencional (típicamente de ciclo combinado con gas natural) que cuando no hay viento, la supla. Quizá solo para pocas semanas en verano cuando hay tiempo anticiclónico y demanda muy alta. Pero los productores de estas plantas de ciclo combinado quieren, lógicamente, que se les pague su amortización para un mínimo de horas de funcionamiento y no solo cuando deja de soplar el viento. Por tanto, el coste real de la energía eólica no es solo lo que se paga a sus productores, sino que además debe incluir la parte de amortización de las plantas de ciclo combinado que deben tenerse de reserva como garantía de suministro eléctrico.
Al coste nominal de la energía eólica hay que sumarle el coste de las centrales de cobertura, la energía vertida por falta de demanda y el de las centrales de bombeo.

El viento sopla de día y de noche, pero la demanda eléctrica es relativamente pequeña a altas horas de la noche y de madrugada. ¿Qué pasa cuando la producción de energía eólica es superior a la demanda? Pues que hay que verterla porque no es posible almacenar la electricidad de manera barata y eficiente. Y puesto que el coste de inversión y mantenimiento es constante, el coste real por cada kWh eólico consumido es más alto que el nominal. En España, que tenemos una gran capacidad eólica instalada, ya hemos empezado a verter electricidad de procedencia eólica. En cantidades limitadas, es posible aprovechar parte de esta electricidad sobrante bombeando agua a unos pequeños pantanos donde se queda almacenada a pie de presa (centrales de bombeo) para, cuando se necesita, volver a generarla de la misma forma que cualquier central hidroeléctrica. Sin embargo, en este proceso se pierde aproximadamente el 30% de la energía. Si tenemos en cuenta, además, el alto coste de construir la capacidad de los embalses, el coste real por kWh eólico es muy superior al nominal.
- Al coste nominal de la energía fotovoltaica hay que sumarle el coste de las centrales de cobertura. La mayor parte de la inversión (paneles solares) es importada.

El segundo tipo de energía renovable con mayor potencia instalada en España (al margen de la hidráulica) es la fotovoltaica. Es más cara que la eólica, pero su mayor producción se obtiene en horas con mayor demanda de electricidad, esto es, de día y en verano, cuando el precio de la electricidad es más alto. Una ventaja adicional es que, en parte, es complementaria con la eólica, ya que en días de borrasca es probable que haya mucha eólica y poca solar, y en días anticiclónicos sea al revés. Una desventaja importante es que al producir directamente electricidad, la energía fotovoltaica necesita plantas de cobertura puesto que es preciso abastecer la demanda en días u horas nublados y en algunas horas nocturnas de fuerte demanda. Otra desventaja importante es que, actualmente, la gran mayoría de los paneles solares son importados (de China) y esto representa algo más del 50% de la inversión, con lo que el ahorro en términos de importaciones y generación de empleo local queda muy reducido.

- La energía termosolar y de biomasa no precisa de plantas de cobertura. Importa pocos elementos y genera empleo en zonas con altas tasas de paro.

La energía termosolar consiste en concentrar el sol para calentar agua (o aire en los de la generación más nueva) y con el vapor o aire caliente mover una turbina del mismo tipo que las que se utilizan con combustibles fósiles. Es más cara que la eólica, pero tiene evidentes ventajas sobre las dos anteriores. La mayor de ellas es que permite su almacenamiento durante varias horas en forma de calor (habitualmente utilizando sales), incluso para más de un día. Esto significa que puede producirse en los momentos en los que la demanda de electricidad es más alta y su precio es más alto (típicamente en pleno verano, con temperaturas máximas). No necesita central convencional alguna de cobertura, puesto que, en caso necesario, la propia central puede funcionar con gas u otro combustible fósil. En realidad, también es posible apoyar a una central convencional con una planta termosolar con el consiguiente ahorro de combustible (centrales termosolares híbridas). La energía procedente de la biomasa también puede producirse en el momento que más se necesite. Por eso, a ambos tipos de energías se les llama gestionables. Las dos generan empleo local, especialmente en zonas de alto desempleo.
- El ahorro de las energías renovables con respecto a las no renovables es, como mínimo, el coste del combustible en los próximos 30 años.

Cuando comparamos las energías renovables con las no renovables tendemos a comparar su coste basado en el precio actual del combustible. Esta no es una comparación correcta si el precio del combustible se incrementa en años futuros. Pero, según todas las predicciones, este se incrementará por encima o muy por encima de la inflación. Si esto es así, para comparar correctamente la diferencia de coste entre las energías renovables y las fósiles habría que tener en cuenta el valor actual del coste del combustible a lo largo de toda la vida de la planta (aproximadamente treinta años). Cuando se hace esta comparación, la diferencia entre ambas energías es muy inferior a la diferencia nominal actual. En consecuencia, a la pregunta de si un tipo de energía renovable es cara o es barata con respecto a otras o a la energía fósil, no se puede contestar simplemente fijándose en su coste nominal actualmente. Este es solo una parte y, por lo tanto, no es válida para promocionar un tipo u otro de energía.

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